La subida a Itsaslur desde Pobeña está cortada y hay que tomar una ruta alternativa por el bosque, a ratos también se ve el mar, aunque salgo antes del amanecer hay suficiente claridad como para no necesitar el frontal. Esta segunda etapa está llena de variantes. Yo elijo la “oficial”, que es algo más larga, creo que no ha sido la más popular, adelanté a dos peregrinas y no las he vuelto a ver a pesar de pararme, y solo me han adelantado dos peregrinos en dos momentos diferentes. En el albergue éramos unos treinta, algunos salieron por delante, pero la mayoría salieron después; estoy segura de que muchos eran más rápidos que yo, sobre todo porque me lo he tomado con calma. El recorrido de hoy eran unos 22 km y he tardado casi siete horas. La etapa de ayer fue toda por asfalto, la de hoy, tres cuartas partes. He llegado a Castro Urdiales con los pies recalentados y descubro que, después de cuarenta años de ausencia, las ampollas han hecho de nuevo aparición en mis pies. Este inconveniente queda eclipsado por la perspectiva de cenar con Itzi, que viene a verme y a dar una vuelta por Castro aprovechando que está a 20’ en coche de su casa, y por el privilegio de una noche en un alojamiento donde disfrutar de una habitación para mi sola.
En la tercera jornada me acompaña el dolor de pies, y mucha carretera, aunque se pasa por sitios espectaculares como un encinar que acaba al borde de un acantilado sobre el mar o la playa de Oriñón. Más peregrinos, me adelantan y los adelanto. He reservado plaza en el albergue de Liendo, solo cabemos unos 15, supongo que la mayoría ha seguido hasta Laredo. El albergue no tiene hospitalero, es una autogestión extraña, salvo las instrucciones para entrar, lo demás tienes que imaginarlo, unos y otros nos vamos dando indicaciones de lo que descubrimos. Otra vez me parece que todos son extranjeros. El pueblo tiene un supermercado que no abre por las tardes y tres bares que se reparten el negocio; al llegar paso por uno que está cerrado, pero tiene horario y veo que abrirá más tarde; encuentro otro en el que me admiten a pesar de ser las cuatro de la tarde, como una ensaladilla y unas albóndigas que me saben a manjar, después cierra y no lo vuelvo a ver abierto; a la hora de cenar voy al primero, pero no tiene abierta la cocina, me indica cómo llegar al tercero y me avisa de que es el único sitio que da cenas. Al día siguiente, el sitio abierto para el desayuno es el que se había resistido para comer y cenar.
La salida de Liendo es entre urbanizada y campestre, se pasan magníficas casonas y preciosas casas de indianos, la mañana es soleada y veo como se va evaporando el rocío formando una bruma que embellece el paisaje. Se llega a Laredo tras una subida y una bajada que bordean unos acantilados. Hay que recorrer Laredo hasta el final del Puntal para coger la barca que cruza a Santoña. Elijo descalzarme y recorrer el camino por el borde del agua en lugar de seguir por el paseo marítimo, mis pies lo agradecen. En Santoña he vuelto a reservar habitación en un hotel. Después de unos garbanzos con callos y una merluza y de descansar un rato de andar y del calor, paseo hasta la iglesia de la Virgen del Puerto, en un extremo, y hasta el puerto en el otro extremo. La cena: unas anchoas del lugar.
La última jornada ha comenzado con desayuno en el albergue, cada uno a su ritmo y a su hora, siempre que fuera entre las 7 y las 8 de la mañana. El día ha amanecido nublado, como decía una alemana que también acababa hoy en Santander, el día estaba así para que le diera menos pena irse. La carretera nos esperaba nuevamente. En Galizano las guías avisan de que hay un desvío, 4 Km más pero cambias la carretera en el interior por un camino bordeando la costa. La elección está clara, más siendo hoy una etapa corta. Localizando el desvío me alcanza un madrileño que había conocido en la cena del día anterior, acompasamos el ritmo y llegamos en animada charla hasta la playa de Somo y de allí al punto donde se coge la barca para ir de Somo a Santander, mientras esperamos se une a nosotros la alemana. Nos despedimos en Santander donde un autobús me dejará en Santurtzi poniendo fin a mi recorrido.









