domingo, 24 de mayo de 2026

LA CULPA



 El libro de Mona Chollet Contra la culpabilización se asomaba en un escaparate entre otros muchos que no recuerdo. Me llamó la atención. Lo busqué en las bibliotecas de la CAM y no está, así que me lo he comprado como ebook. 

Hace tiempo que he decidido no comprar más libros (aunque he transgredido mi propia norma varias veces y sé que lo volveré a hacer). No tengo nada contra los libros, es más, me gusta más el papel que la pantalla, pero ocupan espacio, por eso mi primera opción es la biblioteca.

Últimamente me llaman la atención libros de mujeres que tratan, aunque sea de refilón, temas que en algún momento me tocan, por relación conmigo misma, con conocidos, con pacientes… Probablemente no es la mejor literatura a la que puedo aspirar, a veces, incluso me resultan repetitivos, una vez expuesto el tema y cómo lo van a enfocar, me parece que dan demasiadas vueltas a lo mismo, aún así, me interesan, sé que son puntos de vista particulares, pero documentados, y sé que me quedaré con unas cuantas ideas, que lo mismo ya tenía de antes, y lo demás lo olvidaré, pero en este momento son los únicos libros que termino.

Y por qué éste, no sé. Seguramente tengo en mi vida motivos para sentirme culpable (es un hecho, los tengo), pero no estoy por la labor de asumirla sin resistencia, creo que me viene bien mirar esos motivos de forma crítica y resolver si realmente considero que son mi responsabilidad y debo rectificar, o es un sentimiento impuesto al que no debo ceder; asumir que lo que hago no es culposo, aunque no esté bien visto o no sea normativo.

Son cosas que pueden ir de la simpleza de no hacer la cama o tener la casa desordenada a distanciarme del trabajo, o implicarme poco en causas justas, no conducirme de la forma más ecológica posible, o mantener lazos personales que debería soltar ¿quién decide qué es adecuado y qué no? y ¿qué parte de culpa tengo por hacerlo de una manera o de otra?

Ya avisan en el libro: haga lo que haga, puedo sentirme culpable (por hacerlo o por no hacerlo, por decir una cosa o la contraria) y creo que he decidido deshacerme de esa culpa irresoluble.

Y en la medida de lo posible, no trasladar esa culpa a las personas que me rodean. Bastante tiene cada una con cargar con su propia historia, sus responsabilidades y sus exigencias para que tengamos que llegar las demás  a añadir otras.


lunes, 23 de marzo de 2026

OSCURIDAD

 



Me encontré este cartel en la puerta de Nadie, nunca, nada, no.


Entré a preguntar si la exposición estaba visitable, me recibieron dos perros ladradores además del hombre y la mujer que trabajan y gestionan el lugar. El paso a lo que yo conocía como zona de exposición estaba cubierto con una cortina negra que ella traspasó para encender el sonido, me explicaron que estaba muy alto y que lo silenciaban mientras no había ninguna visita. Al poco, pude comprobar que el volumen era realmente potente, luego me apartó la cortina y me explicó que debía entrar por el pasillo de la izquierda.


Tras la cortina negra me encontré ante una pared igual de negra. Había un resplandor a través de la puerta del aseo, que me permitió intuir la entrada. Lo demás era una oscuridad casi impenetrable, confié y eché andar hacia la izquierda antes de alcanzar la pared. Conocía el espacio de una exposición anterior, pero tuve que avanzar echando los brazos hacia delante, temiendo chocarme. La música sonaba, una luz se encendió y se apagó, me dió tiempo a ubicar las columnas y ver que todo era negro, un panel también negro dividía el cuadrilátero de la sala que yo recordaba.


La música, ensordecedora, seguía sonando, una luz se encendió y se apagó, vi algún color entre aquellas paredes negras. La cadencia de luz, sonido e imágenes evolucionaba de forma que a mí me parecía aleatoria, tras repetirse varias veces, conseguí ver que las paredes estaban cubiertas de fotos de flores que se veían momentáneamente. 


Deambulé a tientas un rato, evitando las columnas, viendo su sombra sobre las paredes. A  ratos luz, a ratos oscuridad, a ratos silencio, a ratos sonidos encadenados en una melodía sin ritmo, irreconocible.

En ese momento pensé en escribirlo, porque aquel no era un lugar para cualquiera.  No era lugar para miedosos, ni para gente que no le guste la oscuridad, ni la soledad, ni la incertidumbre, ni los sonidos fuertes pero, a la vez,  podía ser un ejercicio para tolerarlos.


Yo entré sin tener idea de lo que iba a encontrar, a pesar del cartel de la calle. Pasé de la sorpresa, a la incomodidad y luego a la curiosidad, al interés y, al final,  al cansancio. No sé cuánto tiempo estuve allí, me quedé sin saber si la música tenía un principio y un final, si me perdí algo por no esperar un poco más. 





Al salir, me dieron una tarjeta con una flor monísima preparada con una delicadeza que contrastaba con lo que había sucedido. Y eso fue todo.








domingo, 8 de marzo de 2026

FENOMENOLOGÍA





                                   

                           
                La vida no es lo que planeo, 
                es lo que hago con lo que me pasa:

                Arrepentirme de no tomar decisiones a tiempo.
                Pero no hacer drama de lo que no tiene remedio.

                Aburrirme de lo cotidiano.
                Y reírme de mis desgracias.

                Llorar por las desilusiones.
                Y encontrar otra pasión.
                             
                Olvidar 
                Y volver a empezar.

                Dormir.
                Y soñar.

                Perdonarme.
                Y perdonar.