miércoles, 16 de marzo de 2022

VIVIR PELIGROSAMENTE: VIVIR

 Vivir en sí mismo es estar en peligro. Es la única actividad con un 100% de mortalidad aunque casi nunca nos acordemos y nos creamos inmortales y seamos tan simples que dejamos de vivir plenamente por si acaso nos pasa algo malo, como si por vivir menos expuestos no nos fuera a pasar nada.

Y para vivir del todo necesitamos amar y ser amados y ¿hay algo más arriesgado que el amor? ¡Menuda aventura! Porque el amor, el nuestro, siempre es imperfecto y ¿el de las personas amadas…? pues también. Así que vamos en una cordada en la que nos fiamos unos de otros a sabiendas de que algún día podemos fallar, por ausencia, por distracción, por cansancio, por desinterés, porque nos han hecho una oferta mejor para unirnos a otra cordada…

El amor, como las plantas, hay que cuidarlo y, tal vez, eso sea vivir, aunque, a veces, a pesar de nuestros cuidados, la planta se marchite. 

Aún así, mejor vivir en riesgo y sin garantías que no vivir.





VIVIR PELIGROSAMENTE: MORIR

No hay riesgo en morir porque después no puede pasar nada peor. Aunque no lo sabemos. Hay mil hipótesis y creencias de lo que viene luego. Yo espero algo mejor, aunque, por si acaso, prefiero enterarme lo más tarde posible.

Otra cosa es que mientras vivimos vamos muriendo poco a poco y ahí sí que puede haber peligro:

En las situaciones que abandonamos por cobardía, por pereza o por impaciencia y podrían habernos conducido a una vida más emocionante o más plena.

Y en aquellas otras de las que no nos vamos por miedo al vacío o porque estamos cómodos aunque sepamos que a la larga nos harán daño o descubriremos que no era nuestro sitio.   

También morimos un poco cuando las personas que queremos dejan de estar a nuestro lado. Algo de nosotros muere con su ausencia, aunque podamos recuperarnos.


martes, 15 de marzo de 2022

VIVIR PELIGROSAMENTE: DESEAR

Perseguir aquello que anhelamos es arriesgado.

Nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestro pensamiento, nuestras herramientas… las ponemos al servicio de conseguirlo sin conciencia de que sólo hay dos finales posibles:

Que no lo logremos, incluso después de varios intentos, y que nuestra capacidad y nuestro interés se desgasten tanto que desistamos de alcanzarlo.

Que veamos cumplido nuestro deseo y una vez en nuestras manos nos invada el cansancio de todo lo que hemos invertido en lograrlo y dudemos si mereció la pena porque, lejos de saciarnos, empezamos a desear algo nuevo. 

Ya se sabe: los dioses castigan a los hombres concediéndoles sus deseos.

Menos mal que lo mejor, casi siempre, no es la meta sino el camino y la compañía.



VIVIR PELIGROSAMENTE: ARRIESGARSE

Asomarse al precipicio a pesar del vértigo. Salirse del camino. Llegar más lejos. Buscar un lugar desconocido. Cambiar el punto de vista. Abrir la mente. Escuchar y dejarse llevar.

Decir que sí y probar aquello que nos daba miedo. Disfrutar en el intento. Confiar aun estando inseguros. Atreverse con algo nuevo. Permitir que alguien conozca nuestra debilidad… y si perdemos, volver a empezar, sin mirar atrás.


VIVIR PELIGROSAMENTE: RECTIFICAR

De esa manera no, mejor así.

Me equivoqué de primeras, o el error fue cambiarlo.

Dije lo que no pensaba o lo pensaba, pero no quería decirlo.

Rectificar es de sabios, o de cobardes, o de veletas.

Ir y venir.

Empecé y lo dejé sin terminar.

Chocamos al principio y al final nos entendimos.

Pedir perdón.

Volver a empezar.

Sonreír aunque el alma llore.


domingo, 13 de marzo de 2022

VIVIR PELIGROSAMENTE: VOLVER

 Nunca se vuelve al mismo sitio. Los lugares cambian igual que cambian las personas.

Llegamos y quedamos impresionadas, el paisaje, la luz, la compañía. Nos gustaría atrapar el momento y eternizarlo, pero se nos escapa. Nos quedamos con el recuerdo, a veces con una foto, aguardaremos la ocasión de repetir…aunque sepamos que no puede ser.

Habrá otra luz, cambios en el paisaje, otra compañía o ninguna; pero, sobre todo, habrá cambiado nuestra mirada. Nosotras ya no seremos las mismas y nunca más será la primera vez.


VIVIR PELIGROSAMENTE: DESPEDIRSE


Dices adiós y un abismo se abre por delante ¿Es un hasta luego? ¿Es para siempre?


Recuerdo que cuando era pequeña y personas queridas se iban a ir de casa, tras una visita, se encontraban que les había escondido el bolso o algo que tuvieran que llevarse, era una forma de decirles que quería que se quedaran: retrasaba la despedida pero no la evitaba.

Luego me hice mayor y ese juego ya no estaba bien visto.

Ya no se distingue, por la forma, cuando quiero que alguien se quede o que se vaya. 

Tal vez no quiero pensar que puede ser la última vez que nos vemos.

Como la última vez que vi a mi padre con vida, o a mi madre, o a mi tía.


Nunca digas adiós sin despedirte de corazón.