domingo, 13 de marzo de 2022

VIVIR PELIGROSAMENTE: DESPEDIRSE


Dices adiós y un abismo se abre por delante ¿Es un hasta luego? ¿Es para siempre?


Recuerdo que cuando era pequeña y personas queridas se iban a ir de casa, tras una visita, se encontraban que les había escondido el bolso o algo que tuvieran que llevarse, era una forma de decirles que quería que se quedaran: retrasaba la despedida pero no la evitaba.

Luego me hice mayor y ese juego ya no estaba bien visto.

Ya no se distingue, por la forma, cuando quiero que alguien se quede o que se vaya. 

Tal vez no quiero pensar que puede ser la última vez que nos vemos.

Como la última vez que vi a mi padre con vida, o a mi madre, o a mi tía.


Nunca digas adiós sin despedirte de corazón.


VIVIR PELIGROSAMENTE: FICHAR

El control de presencia en mi trabajo se hacía mediante firmas a la entrada y a la salida. Hace bastantes años colocaron un reloj de fichar, querían cambiar el sistema de control pero no encontraban el momento de hacerlo. 

Por fin se decidieron: empezamos a fichar el 1 de marzo de 2020. Trece días después dejamos de hacerlo, el confinamiento y la pandemia hicieron inviable continuar con la rigidez que impone el aparato, no había personal para gestionar todas las excepciones.

De nuevo han impulsado la iniciativa, hemos vuelto a fichar desde el 1 de marzo de 2022, con una guerra a la vuelta de la esquina. Esperemos que el karma no se empeñe en que no tenemos que fichar.


VIVIR PELIGROSAMENTE

Vivir. Morir. Desear. Arriesgarse. Rectificar. Volver. Despedirse. Fichar.

El título de esta serie es una expresión que fue aplicada por una compañera a una pareja de pacientes con una vida, desde nuestro punto de vista, desordenada y desgraciada, tanto que, con la salud quebrada, uno de ellos se murió… ¿Se arriesgó y perdió? Yo no me atrevo a sentenciarlo.

Lo que escribí a partir del título no tiene nada que ver, o tal vez sí.

Se me vino a la cabeza la retahíla de acciones que encabeza esta entrada y que serán el tema de cada texto de la serie.

He tardado trece días en completarla y, con el paso del tiempo, no sé si he acabado escribiendo con la misma idea que empecé; lo que sí sé es que no he cerrado un círculo sino que he iniciado una vuelta de espiral.

Acompaña este texto la foto de una lápida encontrada al borde de un camino en Colmenar de Oreja. Transcribo el texto grabado en la piedra por si no se ve bien en la foto:


“36 AÑOS/ SU MADRE Y HERMANOS/ LE DEDICAN ESTE/ RECUERDO

Por buscar sin reflecsión/ El sustento necesario/ Encontró en el subterráneo/ La muerte sin confesión.”


sábado, 29 de enero de 2022

FLASH BACK EN URGENCIAS

Sentada en el pasillo de ambulantes observo el ir y venir de los pobladores de este microuniverso, a mi lado otro acompañante se entretiene mirando su móvil, sin silenciarlo.

Está prohibido hacer fotos o vídeos dentro del hospital, medida razonable para preservar la privacidad y la intimidad en estos tiempos en los que hay riesgo de que todo se exponga sin pudor, pero reactivo multitud de escenas que quedaron grabadas en mi memoria con más intensidad que en cualquier soporte.

Médicos, enfermeras y auxiliares vocean nombres, aparecen sus dueños; a veces no, distracciones, ausencias breves o dificultad para oír; otras hay confusiones, coincidencias de nombre y apellido, despistes…

Jóvenes MIR van al encuentro de sus pacientes, los interrogan, los exploran, reflexionan tratando de relacionar toda la información con algo conocido. Con la historia en la mano se consultan, se apoyan entre ellos, un gesto, una palabra. Silencio, dudas, complicidad… 

Ahora hay más cuartos de consulta, uniformes de más colores pero las rutinas no cambian, buscar un hueco libre, esperar, el familiar a la caza de alguien que le confirme que no se han olvidado de su doliente, enfermeras que no dan abasto para llegar a todo, auxiliares atentos a dar apoyo. El mismo timbre de parada. 

El mismo sistema que hace más de veinticinco años.

No hay tiempo en este pasillo, aunque un reloj marque las horas. Prisas a ratos, otros calma.

Llegarán las pruebas, llegará el diagnóstico. Un alivio, una preocupación, una sorpresa, una sospecha confirmada. Y los médicos  repartiendo la sentencia: sanar, ingresar, vivir, morir.







sábado, 22 de enero de 2022

TODAS LAS VIDAS

Las vacaciones.
Una reunión de amigos.
Una excursión 
a un lugar precioso 
en buena compañía.
Una tarde íntima.

Un día de trabajo.
De compras.
Visita al médico.
Disfrutar leyendo.
El esfuerzo de estudiar.
Paseo a solas.
Un encuentro inesperado.

Un dolor.
Una buena noticia.
Sufrir con alguien.
No saber qué hacer.
Un temor.
Llorar y sonreír casi a la vez.

Todo es real:
Nos toca todo,
en distinto orden
y en distinta intensidad.

Tomando cada situación podríamos contar muchas historias, 
como vidas en paralelo, y todas son una sola. 

Aprovechémoslas.



domingo, 2 de enero de 2022

EN ESTADO DE ESPERANZA: 21 AÑOS DESPUÉS


A propuesta de mi hija, trato de actualizar el escrito, revisando, si la memoria no me falla, cómo han ido tomando forma mis expectativas y mis dudas de entonces.

Empezaré por decir que aquellas Navidades no fueron muy diferentes a las anteriores, pero sí que hubo cambios a partir de entonces. Seguimos celebrando Navidad y Año Nuevo con la familia extensa, pero Nochebuena y Nochevieja se quedaron en celebración íntima. El motivo: evitar frío, riesgos del tráfico y descoloque horario a la niña. Luego se convirtió en una agradable costumbre que no quisimos perder y que mantenemos.

El embarazo terminó bien, ni una sola molestia. Sólo el susto final, una bradicardia que hizo que acabara naciendo por cesárea.Y ahí tuvimos la primera de las respuestas, aunque yo escribía con el genérico “hijo”… fue niña, una niña preciosa y sana que recibimos con alegría mayúscula. Aunque era cierto que no teníamos preferencia por el sexo de la criatura, Joaquín enseguida se planteó que él ya sabía cómo era ser niño y que estaba bien tener acceso a saber cómo era ser niña. Yo estaba completamente compenetrada con aquel ser que había crecido dentro de mí y que me había convertido en su nave nodriza, era ella y yo estaba de su parte, fuera como fuera.

La empresa a partir de este momento no fue fácil, nos convertimos todos en aprendices de equilibristas y eso significó llevarse unos cuantos golpes:

Al principio había que reequilibrar una relación de dos en una de tres, donde la última incorporación necesitaba y reclamaba mucha atención, casi siempre asimétrica. Por suerte la relación entre Joaquín y yo estaba fuertemente consolidada, Itzi nació cuando llevábamos casi 10 años casados.

Los primeros años fueron relativamente sencillos, con el contrapeso de guardería y abuelos mientras trabajábamos, pero el resto del tiempo éramos un pack. Nunca tuvimos sensación de dejar de hacer nada importante por ella, para cuestiones particulares nos turnábamos sin problema y para vacaciones, reuniones de amigos… éramos tres, y si en algún sitio no eran bienvenidos los niños dejaba de ser un buen lugar para nosotros, aunque fuéramos sin ella.

Tocaba acompañarla para que llegara a ser una persona de bien. Siempre nos importó más que tuviera valores que cualquier otra virtud. Su arraigo en un deporte de equipo facilitó la adquisición de algunos. Nos esforzamos en servirle de ejemplo, aun en la cuerda floja, a riesgo de ser incomprendidos por ella al mantener actitudes e ideas a contracorriente y muchas veces se sintió presionada creyendo que pedíamos resultados académicos. Seguramente nos equivocamos al pedirla más trabajo y esfuerzo en tareas que realmente no le aportaban gran cosa.  

Itzi se fue revelando como una niña alegre y espabilada. Me planteo si es mi visión sesgada de madre, pero creo que siempre ha brillado de una forma especial. Desgraciadamente eso le supuso sufrir envidias y no ser entendida por muchos, para colmo, en momentos en los que no supimos estar atentos, ocupados en la enfermedad de Joaquín.

Ahí se complicó nuestra vida. Seguimos haciendo equilibrios para llegar a todo, en estado de esperanza, pensando que era pasajero. Pero ni llegamos a todo ni la esperanza se hizo realidad. Acabó con un mal desenlace. Es verdad que fueron muchos años, ocho si contamos desde la enfermedad cardiaca, porque al tercer año, cuando creíamos que ya estaba resuelta, empezaron los síntomas del cáncer. En esos años hubo de todo, también muchos buenos momentos, mucho aprendizaje, mucho amor. Pero mucha incertidumbre, mucho dolor, incluidas las enfermedades de ambas abuelas que se saldaron con la muerte de mi madre. Y, como ya he dicho, no supimos ver que tras la fachada de madurez de Itzi había una gran fragilidad.

Cuando Joaquín murió Itzi tenía 14 años. Tocaba volver a ser dos, pero en otras condiciones. Con la atención puesta en que su crecimiento como persona pasa por alcanzar la independencia en muchas facetas. Nos cuidamos la una a la otra, pero sin perder de vista que tiene que perseguir sus sueños, sean los que sean. Y parece que no será camionera, aunque conduzca su coche y su vida con energía; ni enfermera, aunque sea capaz de cuidar de sus amigos;  ni abogada, aunque sepa defender lo que le parece justo; pero de lo que sí estoy segura, es de que ha logrado ser una gran equilibrista.


jueves, 30 de diciembre de 2021

EN ESTADO DE ESPERANZA



Paseando con mi amigo Pedro me recordó el artículo que me pidió que escribiera para la revista Misión Abierta cuando él era el director. Ya estamos un poco pasados de fecha, pero creo que hasta Reyes tiene cabida el tema. Me ha traído muy buenos recuerdos y me ha apetecido compartirlo. La situación en que lo escribí es evidente, allá por noviembre del año 2000:

“¿Cómo pasa la Navidad una embarazada? Os hablaría de Adviento, de celebración familiar, de acción de gracias, de incertidumbres, de sensaciones nuevas... He tenido suerte y llevo un buen embarazo, otras podrían hablar de estado nauseoso permanente o de sacrificio para controlar una dieta, que en esos días se hace más difícil, o de dificultades materiales y personales para que todas las ilusiones tengan un atisbo de realidad o, incluso, sin ilusiones, aceptando o renegando de una situación que creyeron que no se iba a producir. Pero al final, cuando el embarazo sigue adelante, todas quedamos en estado de esperanza, sin epítetos, porque la esperanza siempre es buena, de otra forma es desesperanza y pesimismo.

Aún no he pasado ninguna Navidad embarazada pero imagino fácilmente que este año será algo diferente a otros años. Al preparar el Belén, estaré también preparando el nacimiento de un miembro más de la familia, aunque llegará un poco después.

Al pensar dónde pondremos el Portal, como todos los años, nos haremos la misma pregunta ¿dónde siempre o le hacemos un sitio nuevo? A la vez nos hemos preguntado, nuestro hijo ¿irá a la habitación que estaba dispuesta para él o sería mejor cambiar la distribución de la casa? Porque no es lo mismo planear algo posible pero incierto que comenzar a darle forma. Tal vez deberíamos replantearnos si celebramos la Navidad de una determinada forma porque nos parece la mejor o porque es la más cómoda o por rutina o por... ¿será hora de renovar alguna actitud frente a estas fiestas?

Luego empezaremos a poner montañas, palmeras, el río y el camino, dejando volar la imaginación y recuperando la ilusión de cuando éramos niños y ayudábamos a nuestros padres a reinventar la escena un año tras otro. Crece el paisaje y a medida que tú misma vas aumentando de peso y de volumen se agolpan las preguntas, sobre todo de los que te rodean, ¿será niño o niña?, ¿será camionero, enfermera, abogado o equilibrista?, cuando a ti lo único que te importa es que todo vaya bien, que al cabo de los meses le puedas poner unos rasgos concretos a ese ser que cada día se hace notar más.

Como los pastores acompañan la llegada de la Nochebuena, en ese futuro presente aparece la camaradería de otras embarazadas, de repente parece que se hubiera producido una epidemia. No es que antes no hubiera embarazos, se veían embarazadas en la calle y en el metro, pero ahora tienen nombre, son la vecina del noveno y una amiga y una compañera del trabajo y otra que acaba de dar a luz, y es como si a todas las madres jóvenes se les removiese el recuerdo de un embarazo reciente, y a las madres no tan jóvenes les entrase vocación de abuelas. Hasta la prima Isabel, la que llamaban estéril, ya está de seis meses, ¿cómo no vamos a ir a visitarla? 

Toca celebrar la Navidad, ya vamos a terminar de colocar a todos los personajes, a San José, como el futuro padre, imprescindible aunque en segundo plano de la escena; a María, otra embarazada con nombre propio, que va a llegar a término un poco antes. Los interrogantes se van a encarnar en el niño Jesús, una criatura, que no es un niño rubito, sonriente y  que pasa el día en actitud de bendecir desde su cuna llena de paja: es un recién nacido que llora, duerme, come, mancha los pañales y reclama toda la atención. Porque durante el embarazo, la madre ha sido la protagonista de la historia pero ahora se retira al mismo plano que su compañero. Era el recipiente de un tesoro ha quedado a la luz y se convierte en el centro de la vida de toda la familia.

¿De verdad celebramos que ha nacido el que es el centro de nuestra historia? ¿Celebramos la Navidad conscientes de que formamos una familia con todos los hombres, que la Buena Noticia era para todos y no para unos pocos?

Después de esta reflexión no sé si hay una forma especial de pasar la Navidad estando embarazada. Supongo que del mismo modo que no hay dos Nacimientos iguales, aun siendo siempre la misma escena, cada embarazada sitúa su experiencia en unas vivencias particulares, probablemente la respuesta más cercana a cómo pasa la Navidad una embarazada sea que la pasa haciéndose preguntas e intentando contestarlas.”