domingo, 2 de enero de 2022

EN ESTADO DE ESPERANZA: 21 AÑOS DESPUÉS


A propuesta de mi hija, trato de actualizar el escrito, revisando, si la memoria no me falla, cómo han ido tomando forma mis expectativas y mis dudas de entonces.

Empezaré por decir que aquellas Navidades no fueron muy diferentes a las anteriores, pero sí que hubo cambios a partir de entonces. Seguimos celebrando Navidad y Año Nuevo con la familia extensa, pero Nochebuena y Nochevieja se quedaron en celebración íntima. El motivo: evitar frío, riesgos del tráfico y descoloque horario a la niña. Luego se convirtió en una agradable costumbre que no quisimos perder y que mantenemos.

El embarazo terminó bien, ni una sola molestia. Sólo el susto final, una bradicardia que hizo que acabara naciendo por cesárea.Y ahí tuvimos la primera de las respuestas, aunque yo escribía con el genérico “hijo”… fue niña, una niña preciosa y sana que recibimos con alegría mayúscula. Aunque era cierto que no teníamos preferencia por el sexo de la criatura, Joaquín enseguida se planteó que él ya sabía cómo era ser niño y que estaba bien tener acceso a saber cómo era ser niña. Yo estaba completamente compenetrada con aquel ser que había crecido dentro de mí y que me había convertido en su nave nodriza, era ella y yo estaba de su parte, fuera como fuera.

La empresa a partir de este momento no fue fácil, nos convertimos todos en aprendices de equilibristas y eso significó llevarse unos cuantos golpes:

Al principio había que reequilibrar una relación de dos en una de tres, donde la última incorporación necesitaba y reclamaba mucha atención, casi siempre asimétrica. Por suerte la relación entre Joaquín y yo estaba fuertemente consolidada, Itzi nació cuando llevábamos casi 10 años casados.

Los primeros años fueron relativamente sencillos, con el contrapeso de guardería y abuelos mientras trabajábamos, pero el resto del tiempo éramos un pack. Nunca tuvimos sensación de dejar de hacer nada importante por ella, para cuestiones particulares nos turnábamos sin problema y para vacaciones, reuniones de amigos… éramos tres, y si en algún sitio no eran bienvenidos los niños dejaba de ser un buen lugar para nosotros, aunque fuéramos sin ella.

Tocaba acompañarla para que llegara a ser una persona de bien. Siempre nos importó más que tuviera valores que cualquier otra virtud. Su arraigo en un deporte de equipo facilitó la adquisición de algunos. Nos esforzamos en servirle de ejemplo, aun en la cuerda floja, a riesgo de ser incomprendidos por ella al mantener actitudes e ideas a contracorriente y muchas veces se sintió presionada creyendo que pedíamos resultados académicos. Seguramente nos equivocamos al pedirla más trabajo y esfuerzo en tareas que realmente no le aportaban gran cosa.  

Itzi se fue revelando como una niña alegre y espabilada. Me planteo si es mi visión sesgada de madre, pero creo que siempre ha brillado de una forma especial. Desgraciadamente eso le supuso sufrir envidias y no ser entendida por muchos, para colmo, en momentos en los que no supimos estar atentos, ocupados en la enfermedad de Joaquín.

Ahí se complicó nuestra vida. Seguimos haciendo equilibrios para llegar a todo, en estado de esperanza, pensando que era pasajero. Pero ni llegamos a todo ni la esperanza se hizo realidad. Acabó con un mal desenlace. Es verdad que fueron muchos años, ocho si contamos desde la enfermedad cardiaca, porque al tercer año, cuando creíamos que ya estaba resuelta, empezaron los síntomas del cáncer. En esos años hubo de todo, también muchos buenos momentos, mucho aprendizaje, mucho amor. Pero mucha incertidumbre, mucho dolor, incluidas las enfermedades de ambas abuelas que se saldaron con la muerte de mi madre. Y, como ya he dicho, no supimos ver que tras la fachada de madurez de Itzi había una gran fragilidad.

Cuando Joaquín murió Itzi tenía 14 años. Tocaba volver a ser dos, pero en otras condiciones. Con la atención puesta en que su crecimiento como persona pasa por alcanzar la independencia en muchas facetas. Nos cuidamos la una a la otra, pero sin perder de vista que tiene que perseguir sus sueños, sean los que sean. Y parece que no será camionera, aunque conduzca su coche y su vida con energía; ni enfermera, aunque sea capaz de cuidar de sus amigos;  ni abogada, aunque sepa defender lo que le parece justo; pero de lo que sí estoy segura, es de que ha logrado ser una gran equilibrista.


jueves, 30 de diciembre de 2021

EN ESTADO DE ESPERANZA



Paseando con mi amigo Pedro me recordó el artículo que me pidió que escribiera para la revista Misión Abierta cuando él era el director. Ya estamos un poco pasados de fecha, pero creo que hasta Reyes tiene cabida el tema. Me ha traído muy buenos recuerdos y me ha apetecido compartirlo. La situación en que lo escribí es evidente, allá por noviembre del año 2000:

“¿Cómo pasa la Navidad una embarazada? Os hablaría de Adviento, de celebración familiar, de acción de gracias, de incertidumbres, de sensaciones nuevas... He tenido suerte y llevo un buen embarazo, otras podrían hablar de estado nauseoso permanente o de sacrificio para controlar una dieta, que en esos días se hace más difícil, o de dificultades materiales y personales para que todas las ilusiones tengan un atisbo de realidad o, incluso, sin ilusiones, aceptando o renegando de una situación que creyeron que no se iba a producir. Pero al final, cuando el embarazo sigue adelante, todas quedamos en estado de esperanza, sin epítetos, porque la esperanza siempre es buena, de otra forma es desesperanza y pesimismo.

Aún no he pasado ninguna Navidad embarazada pero imagino fácilmente que este año será algo diferente a otros años. Al preparar el Belén, estaré también preparando el nacimiento de un miembro más de la familia, aunque llegará un poco después.

Al pensar dónde pondremos el Portal, como todos los años, nos haremos la misma pregunta ¿dónde siempre o le hacemos un sitio nuevo? A la vez nos hemos preguntado, nuestro hijo ¿irá a la habitación que estaba dispuesta para él o sería mejor cambiar la distribución de la casa? Porque no es lo mismo planear algo posible pero incierto que comenzar a darle forma. Tal vez deberíamos replantearnos si celebramos la Navidad de una determinada forma porque nos parece la mejor o porque es la más cómoda o por rutina o por... ¿será hora de renovar alguna actitud frente a estas fiestas?

Luego empezaremos a poner montañas, palmeras, el río y el camino, dejando volar la imaginación y recuperando la ilusión de cuando éramos niños y ayudábamos a nuestros padres a reinventar la escena un año tras otro. Crece el paisaje y a medida que tú misma vas aumentando de peso y de volumen se agolpan las preguntas, sobre todo de los que te rodean, ¿será niño o niña?, ¿será camionero, enfermera, abogado o equilibrista?, cuando a ti lo único que te importa es que todo vaya bien, que al cabo de los meses le puedas poner unos rasgos concretos a ese ser que cada día se hace notar más.

Como los pastores acompañan la llegada de la Nochebuena, en ese futuro presente aparece la camaradería de otras embarazadas, de repente parece que se hubiera producido una epidemia. No es que antes no hubiera embarazos, se veían embarazadas en la calle y en el metro, pero ahora tienen nombre, son la vecina del noveno y una amiga y una compañera del trabajo y otra que acaba de dar a luz, y es como si a todas las madres jóvenes se les removiese el recuerdo de un embarazo reciente, y a las madres no tan jóvenes les entrase vocación de abuelas. Hasta la prima Isabel, la que llamaban estéril, ya está de seis meses, ¿cómo no vamos a ir a visitarla? 

Toca celebrar la Navidad, ya vamos a terminar de colocar a todos los personajes, a San José, como el futuro padre, imprescindible aunque en segundo plano de la escena; a María, otra embarazada con nombre propio, que va a llegar a término un poco antes. Los interrogantes se van a encarnar en el niño Jesús, una criatura, que no es un niño rubito, sonriente y  que pasa el día en actitud de bendecir desde su cuna llena de paja: es un recién nacido que llora, duerme, come, mancha los pañales y reclama toda la atención. Porque durante el embarazo, la madre ha sido la protagonista de la historia pero ahora se retira al mismo plano que su compañero. Era el recipiente de un tesoro ha quedado a la luz y se convierte en el centro de la vida de toda la familia.

¿De verdad celebramos que ha nacido el que es el centro de nuestra historia? ¿Celebramos la Navidad conscientes de que formamos una familia con todos los hombres, que la Buena Noticia era para todos y no para unos pocos?

Después de esta reflexión no sé si hay una forma especial de pasar la Navidad estando embarazada. Supongo que del mismo modo que no hay dos Nacimientos iguales, aun siendo siempre la misma escena, cada embarazada sitúa su experiencia en unas vivencias particulares, probablemente la respuesta más cercana a cómo pasa la Navidad una embarazada sea que la pasa haciéndose preguntas e intentando contestarlas.”


  

  


martes, 14 de diciembre de 2021

LO QUE SUCEDE, CONVIENE

Una compañera de trabajo suele usar este dicho. De primeras no estoy de acuerdo con la afirmación, puedo aceptar que tal vez le convenga al universo, y por eso ocurre, pero no creo que lo que nos sucede nos venga bien en particular.

Aún así, y a fuerza de oírlo, he acabado buscándole sentido y le he dado forma de acróstico:

LO QUE SUCEDE, CONVIENE
O cómo adaptar lo que nos pasa para nuestra conveniencia.

Queriendo buscar la parte buena de las cosas.
Una mirada diferente.
Estando de otro modo.

Siempre abiertos a aprender.
Una forma de encarar la vida.
Contarnos la historia de otra manera.
Entender que la realidad no es nuestro capricho.
Dudar pero avanzar.
Esperando lo que tenga que llegar.

Conociendo nuevos caminos.
Ordenando las ideas.
Negándonos a la derrota.
Valorando la sorpresa.
Ideando un futuro mejor.
Encontrando cómo aceptar lo inesperado.
Nadie puede hacerlo más que uno mismo.
Es decisión propia.


domingo, 28 de noviembre de 2021

JE REVIENS (Vuelvo)

Una conversación de sobremesa sobre perfumes me trajo ayer el recuerdo de que mi madre siempre usaba el mismo eau de parfum en momentos especiales.

Me encantaba el frasquito azul, redondo y plano en su funda de terciopelo. Tenía un olor dulzón que a mí se me hacía cálido, suave y aterciopelado en la piel y en la estela de mi madre.

Supongo que asociado a que se vestía para la ocasión, para mí más elegante y más guapa, si cabe, que de costumbre, no dudaba de que aquella fragancia colaboraba en que fuera aún más atractiva. 

Hubo una época en que dejó de encontrarse en las tiendas en Madrid. Ella conservaba aquel envase y lo dosificaba como oro líquido.

En mi primer viaje a París, hace más de 20 años, ese del que escribí en otra entrada de este blog, recorrimos todas las tiendas posibles hasta encontrar una tienda donde pudimos comprarlo. 

Mi madre lo guardó tanto que lo heredé intacto. Hoy he ido a buscarlo para olerlo. A pesar de que este frasco está en una caja  y no en una funda de terciopelo, la nariz se me ha llenado de recuerdos.

Después me he puesto a buscar información, efectivamente ese perfume se creó en 1932 y se fabricó hasta que la casa cerró en 1956. Aunque se vendiera hasta mucho después, mientras quedaran existencias, me sorprende que pudiera encontrarlo en los 90. 

Descubro que el envase era diseño de Lalique.

Parece que en 2005 los nuevos dueños de Worth relanzaron el perfume. ¿Olerá igual?

sábado, 20 de noviembre de 2021

IMPRESIONES DE CAMINANTE (IV)

                      PARQUES Y JARDINES

La previsión del tiempo para hoy era de lluvia así que, reorientando mis ganas de caminar hacia un destino más urbano, había buscado una lista de exposiciones que pudieran cobijarme. El día ha amanecido cubierto pero seco así que he aprovechado para reunir los planes de paseo y de cultura para disfrutar de uno de los últimos días de este año en que supongo que el paisaje va a ser espectacularmente otoñal (sospecho que las lluvias que se avecinan van a desnudar los árboles). Entre las exposiciones descubrí que el Salón de Otoño se exhibía en la Casa de Vacas de El Retiro y me ha parecido un plan perfecto.

Al volver a casa y repasar las fotos de hoy he relacionado imágenes, reflexiones y lugares que recupero.


   EL RETIRO

20/11/2021

Es otoño pero podría escribir parecido en cualquier época del año. Este parque nunca me defrauda. Hace muchos años que es escenario de mis paseos con distintos estados de ánimo y siempre acompaña en positivo, alegra mi alegría y mejora mi melancolía.

Conecto con mi pasado recordando personas que alguna vez pasearon conmigo. Hay rincones que me trasladan a otros lugares queridos. Incluso suele ofrecerme alguna exposición que me saca de mi ensimismamiento. Paseo, respiro, observo y disfruto.


REAL JARDÍN BOTÁNICO 

20/07/2020


Auténtico oasis en Madrid si no fuera por el ruido de los coches y las voces humanas.

De nuevo dispuesta a escribir aunque no haya tema. O, más bien, los de siempre, sentido de la vida, soledad, belleza, ruido y silencio, nostalgia, esperanza y calor, mucho calor, aun estando a la sombra.
El termómetro marca 32ºC, las hojas de los árboles se mecen con la brisa, hormigas, moscas y mariposas se afanan en sus quehaceres y yo las contemplo. Un mirlo cambia de rama.


EL CAPRICHO

28/07/2019

A veces la ausencia de planes pone en marcha la imaginación y resulta en afortunados descubrimientos. La visita a este parque se frustró en el pasado y el horario restringido a fines de semana, el mal acceso con transporte público y la escasez de aparcamiento favorecieron que quedase en la carpeta de pendientes sin prisa.

Me apetecía huir del calor y de los lugares habituales y se puso a tiro.

Mereció la pena madrugar.





SCHÖNBRUNN

10/12/2017
 


Hace treinta años que llegué a Viena por primera vez. He perdido la cuenta de cuántas veces he vuelto pero sé que todas las veces he visitado este parque. Curiosamente nunca he escrito sobre él salvo en la fecha de la foto, dos frases para dejar constancia de que aquí está un pedazo de mi corazón, algunas cenizas de Joaquín se mezclan para siempre con la tierra de este lugar tan querido: 

“Desde Schönbrunn se tienen las mejores vistas de Viena. Bajo la sombra del Pabellón, ante el estanque.”


domingo, 3 de octubre de 2021

EL MUNDO QUE ME RODEA

Continuo con el ejercicio al que me refería en la entrada anterior. Mi correctora particular, Itzi, me ha pedido reescribir el texto de la segunda foto. Al parecer, un primer escrito que le he pedido que leyera antes de publicarlo estaba hecho con demasiada distancia y el tema, según ella, requiere algo más personal.

De nuevo tres objetos que me acompañan hace tiempo, menos conectados en apariencia si no se sabe que el nexo de unión soy yo. Son objetos sin los que yo no sería yo. Representan una forma de entender la vida que me ha ido conformando y que siguen dando sentido a mi vida.



Las botas para caminar:

No entiendo mi vida sin andar. Caminar me da energía, me permite pensar con más claridad, me mejora el ánimo, me hace sentir físicamente mejor… es un hábito instalado hace tanto tiempo que en algunas épocas en que casi no he salido a caminar la vida se me ensombrecía. No sabría decir si mejoraba cuando empezaba a salir o empezaba a salir porque mejoraba.

Recuerdo que mis padres nos llevaban a caminar por el campo cuando éramos pequeñas, luego además salía con los scouts, con el club de montaña, con Joaquín, y sigo saliendo con nuestra hija y con buenos amigos.

He paseado Guadarrama, Gredos, Picos, Pirineos, hasta los Alpes y algunos macizos más. Pero también caminos rurales y, cuando no hay otro plan, las lagunas y cerros del pueblo donde vivo me salvan de apolillarme.

Aunque me permiten una forma de evasión sana, las botas también simbolizan una manera de estar en el mundo más terrenal, anclando los otros dos objetos, representantes de religión y ciencia, que podrían haberme alejado de una realidad más cotidiana.

Mi Biblia:

Me acompaña desde el colegio, un colegio de monjas. Mis creencias y valores tienen una base cristiana y este libro me ha ayudado a superar crisis, a buscar nuevas oportunidades, a meditar. Lo he leído entero. Está lleno de marcas, subrayados y recuerdos. Hay pasajes que leídos en otras versiones, traducidos de otra manera, no me suenan igual de bien. Sé que hay partes prescindibles y otras que, según se interpreten, pueden decir una cosa y su contraria, pero no puedo negar su influencia en mí.

Me tengo por una persona racional y sé que la fe no lo es. Tampoco es racional el amor y no renuncio a él. Los entiendo como otro plano de la vida que me permiten otro punto de vista y otra comprensión del mundo. Eso sí, sin pretender imponérselos a nadie.

Y por último, un fonendoscopio:

Un símbolo de mi profesión, una de esas que se tienen por vocacionales…

De todos los objetos elegidos es el último que se incorporó a mi vida pero, desde entonces, me acompaña en mi día a día.

Una de mis primeras actividades profesionales fue como formadora de adultos en unos cursos de Educación para la Salud. No recuerdo la pregunta, pero sí que una alumna me pedía que diferenciara lo que decía como médica de lo que decía como opinión personal. Supongo que es fácil adivinar que no pude separarlo.

Con muchas contradicciones, con luces y sombras, siempre soy una sola, yo.


MI VISIÓN DEL MUNDO

Hoy comparto un ejercicio de un curso de autoconocimiento a través de la fotografía. Consistía en seleccionar dos objetos, fotografiarlos y escribir sobre ellos. No he podido limitarme a dos objetos aunque sí los he condensado en dos imágenes.

                                                                  Voy con la primera:




Libro de recuerdos para mi hija:

Ya hace más de dos años que comencé a escribirlo pero el relato se puede remontar muchos años atrás, incluso antes de que yo naciera. A veces hablo de historias de sus abuelos.

Aprendí a escribir con 3 o 4 años. Me regalaron un diario donde empecé a expresarme torpemente antes de cumplir los 10 y, aunque nunca escribí a diario, no he parado: poemas adolescentes, un par de cuentos, volcado de emociones, sentimientos, reflexiones, desahogo, pequeños comentarios en Facebook, un blog elemental, textos que guardo para mi sola, ejercicios de escritura, cartas que hace años dejé de escribir y enviar, otras que nunca llegaron a destino, notas, mensajes…

Y el complemento necesario:

Un instrumento con el que escribir. Antes que el de la foto ha habido muchos, incluso durante un tiempo escribía con pluma mis documentos más personales pero, al final, es más práctico el boli.

El de la foto tiene casi 20 años, 17 para ser exacta. Es un regalo de mis compañeros de trabajo de entonces, un regalo de despedida, aunque me despedí del lugar, algunas de aquellas personas todavía me acompañan en mi vida.

Evidentemente he usado muchos otros bolígrafos desde entonces pero este no desaparece.

El tercer elemento de esta imagen son mis gafas.

Necesito gafas desde antes de hacer la Primera Comunión, yo la hice con 7 años. He perdido la cuenta de cuántas gafas he tenido que usar. Durante unos años usé lentillas pero, cuando me las quitaba, tenía que ponerme gafas otra vez.

Mi visión del mundo siempre tiene un cristal interpuesto. Espero que distorsione poco la realidad o que, si lo hace, me devuelva una imagen más amable. Mi hija se extraña de mi cara cuando me las quito. También a mí me ven a través de los cristales. Una vez escuché a alguien decir algo que me aplico: “yo soy con gafas”.